Madrid. – El estrecho de Ormuz, una de las principales rutas de transporte de petróleo del mundo, reabrirá previsiblemente este viernes tras semanas de interrupción parcial del flujo marítimo debido al conflicto en Oriente Medio. Por este paso estratégico circula cerca del 20 % del crudo global.
La reapertura coincide con una corrección en el precio del petróleo Brent, referencia en Europa, que este jueves cerró en 79,55 dólares por barril, tras varios días de descensos motivados por la firma de un acuerdo de paz en la región.
Durante el conflicto, el crudo llegó a experimentar fuertes oscilaciones. En la primera jornada de tensión, el Brent repuntó más de un 7 %, hasta los 77,74 dólares, mientras que en las primeras semanas acumuló una subida cercana al 28 %, superando los 90 dólares. Un mes después, el incremento llegó a más del 55 %, con valores por encima de los 112 dólares.
En su punto más alto, el 30 de abril, el barril alcanzó los 126,41 dólares, aunque analistas señalan que el mercado no llegó a entrar en una fase de pánico, al mantenerse la expectativa de un eventual acuerdo entre Estados Unidos e Irán.
A partir de entonces, el precio se estabilizó en una banda de entre 90 y 110 dólares, apoyado en medidas como la liberación de reservas estratégicas, el aumento de producción en países como Estados Unidos, Kazajistán y Brasil, el uso de rutas alternativas como el mar Rojo y la reducción temporal de la demanda en China.
Pese a ello, expertos advierten de que Ormuz seguirá siendo un punto clave para la estabilidad del mercado energético global, ya que algunas de estas medidas no serían sostenibles a largo plazo.
El impacto del conflicto también se reflejó en la inflación. En la zona euro, el índice de precios al consumo se situó en mayo en el 3,2 %, por encima del objetivo del Banco Central Europeo, lo que llevó a la entidad a elevar los tipos de interés al 2,25 % en su reunión de junio. En Estados Unidos, la inflación alcanzó el 4,2 % en el mismo periodo.
Analistas apuntan a que un posible endurecimiento de la política monetaria sigue siendo uno de los principales riesgos para los mercados, especialmente si el shock energético deriva en efectos de segunda ronda en los precios.
En este contexto, economistas advierten además de presiones adicionales sobre los alimentos, vinculadas tanto al encarecimiento del transporte como a la crisis de fertilizantes, lo que podría prolongar el ajuste de la inflación hacia niveles previos al conflicto.

