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Cuando no es Juana, es la hermana: ahora sube el marbete

Por: Redacción Entre Notas

Por: Maite Peña

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Santo Domingo. – El dominicano todavía está haciendo malabares para estirar el salario entre comida, combustible, luz, colegio, alquiler, préstamos y medicamentos, y ahora aparece otro gasto más: el aumento del marbete.

La Dirección General de Impuestos Internos (DGII) dispuso que los vehículos fabricados hasta 2021 paguen RD$2,000 y los modelos de 2022 en adelante RD$4,000, un aumento de 33.3 % frente a las tarifas anteriores. La institución proyecta recaudar unos RD$1,175 millones adicionales con el ajuste.

Para algunos podrá parecer poca cosa. Quinientos pesos más por aquí, mil pesos más por allá. Pero como dice el refrán, de poquito en poquito se llena la gallina el buche, y también de poquito en poquito se vacía el bolsillo.

Ese es el verdadero problema.

El marbete no sube solo. Sube en medio de un año en el que el ciudadano ha tenido que lidiar con el costo de los combustibles, los alimentos, los servicios y una larga lista de gastos que cada vez dejan menos espacio para respirar.

Hoy llenar el tanque pesa. Ir al supermercado pesa. Pagar la luz pesa. Y cuando llega otro aumento, aunque sea anual, la sensación es que vuelven a apretar la tuerca.

Pero hay otro punto que merece atención.

Desde hace tiempo viene creciendo entre distintos sectores la percepción de que la reforma fiscal que en su momento generó rechazo no desapareció del todo, sino que parte de sus objetivos recaudatorios se han ido aplicando por otras vías y de manera gradual.

De hecho, legisladores de oposición han calificado el aumento del marbete como parte de una supuesta “reforma blanda” aplicada poco a poco. Esa es una interpretación política, no una denominación oficial del Gobierno, pero refleja una inquietud que ya existe en la calle y en el Congreso.

Y ahí es donde el ciudadano empieza a sacar su propia cuenta.

Porque tal vez no hubo un gran anuncio diciendo: “aquí viene una nueva reforma fiscal”, pero cuando se suman ajustes, impuestos, tarifas y otros cobros, mucha gente termina sintiendo que la reforma le llegó por pedacitos.

Hoy es una cosa, mañana otra.

Un aumento aquí, un reajuste allá y, como decimos los dominicanos, sin hacer mucha bulla se va llenando el saco.

La propia DGII vincula el ajuste del marbete con el fortalecimiento de los ingresos públicos y con la Ley 30-26 sobre Medidas Pro-Crecimiento Económico, Simplificación Fiscal y Mitigación de la Crisis Internacional.

Por eso no es extraño que algunos ciudadanos se pregunten si, al final del camino, están pagando de manera fragmentada cargas que quizás habrían generado mayor resistencia de haberse presentado todas juntas.

Y ahí está el detalle.

Una reforma fiscal se discute, se presenta, se debate y permite que la ciudadanía conozca de frente qué va a pagar y por qué. Cuando los aumentos llegan por separado, la percepción puede ser distinta: hoy te cobran un poquito más aquí y mañana otro poquito allá.

Al final, el bolsillo no distingue si el aumento llegó dentro de una reforma grande o en una resolución de varias páginas.

El bolsillo simplemente paga.

Y el que tiene vehículo tampoco necesariamente es rico.

Hay gente que usa su carro para trabajar, vender, visitar clientes, repartir mercancía, llevar los muchachos al colegio o simplemente poder llegar a su empleo.

Para esas personas el vehículo no es un lujo. Es una herramienta.

Y mantenerlo cuesta.

Gasolina, gasoil, seguro, gomas, aceite, piezas, reparación, parqueo y ahora un marbete más caro.

El horno no está para galletitas.

Quizás desde una oficina RD$500 o RD$1,000 adicionales no parezcan gran cosa. Pero para una familia que está cuadrando el mes hasta con menudo, ese dinero cuenta.

Puede ser parte de una compra, combustible para varios días, una medicina o completar una factura pendiente.

Y ahí vuelve la pregunta de siempre:

¿Y el sueldo cuándo sube?

Porque los gastos parecen coger ascensor, pero muchos ingresos siguen subiendo por las escaleras.

El Gobierno tiene derecho a explicar que necesita recursos y la DGII sostiene que las tarifas del marbete llevaban diez años sin actualizarse y que un ajuste completo por inflación habría sido incluso mayor.

Ese argumento debe ser escuchado.

Pero también tiene que escucharse al ciudadano que no paga el marbete con estadísticas, sino con el mismo dinero con el que compra comida, paga combustible y mantiene su casa.

No se trata solamente de si el aumento es legal o de si técnicamente estaba atrasado.

Se trata del momento.

Como decimos aquí: a la carga pesada no se le echa otra piedra arriba.

Si se va a cobrar más, también es razonable que la gente espere mejores calles, menos hoyos, mayor seguridad vial, señalización adecuada y servicios públicos que justifiquen el esfuerzo.

Porque pagar más para seguir cayendo en el mismo hoyo es difícil de vender.

Al final, el problema ya no es solamente el marbete.

Es la sensación de que cada cierto tiempo aparece una nueva carga y que aquella gran reforma fiscal que provocaba temor quizás no llegó de una sola vez, pero muchos ciudadanos sienten que la están pagando en cuotas.

Y cuota tras cuota, el resultado termina siendo el mismo: otro fuetazo para un bolsillo que ya viene bastante golpeado.

Al final, el debate no es solo sobre el marbete.

Es sobre cuánto más aguanta el bolsillo de una familia dominicana antes de decir: hasta aquí llegamos.

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