Santo Domingo. – La Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) llega este miércoles a sus 488 años de fundación con una historia que supera la de muchas instituciones del continente, pero también con el desafío de mantener su vigencia en una sociedad que demanda nuevas respuestas de la educación superior.
Fundada el 28 de octubre de 1538 mediante la bula In Apostolatus Culmine, del papa Paulo III, la academia ocupa un lugar singular en la historia educativa de América. Su trayectoria, sin embargo, no se explica únicamente por su antigüedad, sino por las transformaciones que ha experimentado y su papel en la formación de profesionales dominicanos.
La institución ha atravesado cierres, cambios de nombre, períodos de control político y procesos de reorganización. En 1914 adoptó formalmente el nombre de Universidad de Santo Domingo y, tras la caída de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, obtuvo su autonomía mediante la Ley 5778, promulgada el 31 de diciembre de 1961.
La conquista de esa autonomía abrió una etapa decisiva para el desarrollo de la universidad. Luego de la Revolución de Abril de 1965, el Movimiento Renovador Universitario impulsó cambios orientados a democratizar la enseñanza, ampliar la participación de los estudiantes y consolidar la libertad de cátedra.
Una puerta de entrada para miles de dominicanos
A lo largo de su historia, la UASD se ha convertido en una vía de acceso a la educación superior para sectores de la población que buscan una carrera profesional sin tener que asumir necesariamente los costos de una universidad privada.
Su presencia en distintas provincias permite que jóvenes de comunidades alejadas de Santo Domingo puedan iniciar o continuar sus estudios superiores más cerca de sus hogares. Esa cobertura tiene implicaciones que van más allá de las aulas: influye en las oportunidades de empleo, los ingresos familiares y la disponibilidad de profesionales en distintas regiones.
Pero el acceso representa solo una parte de la responsabilidad universitaria. La permanencia de los estudiantes, la oferta oportuna de asignaturas, la disponibilidad de laboratorios y equipos, la actualización de los programas y la graduación en tiempos razonables son aspectos que determinan cuánto provecho obtiene la sociedad de la inversión en educación pública.
El reto consiste en garantizar que las oportunidades de ingreso se traduzcan en una formación de calidad y en profesionales capaces de responder a las necesidades del país.
Ciencia, tecnología y nuevas competencias
A casi cinco siglos de su fundación, la universidad enfrenta un escenario muy diferente al de sus orígenes. La expansión de la inteligencia artificial, la automatización de procesos y los cambios en el mercado laboral están modificando las competencias que necesitan los nuevos profesionales.
La respuesta no puede limitarse a incorporar herramientas digitales a las aulas. También requiere fortalecer la investigación, formar docentes en nuevas metodologías, actualizar los planes de estudio y promover una cultura académica que estimule el análisis crítico y la solución de problemas.
La UASD tiene, además, la posibilidad de ampliar su contribución en áreas directamente vinculadas con el desarrollo dominicano, como la producción agrícola, la salud pública, la prevención de desastres, la protección ambiental y la innovación tecnológica.
Durante el mes de octubre, la institución ha incluido en su programa aniversario actividades científicas, encuentros académicos y debates sobre inteligencia artificial y gestión, además de jornadas de salud y reforestación.
El desafío está en que esas iniciativas tengan continuidad y se traduzcan en investigaciones, servicios y soluciones que puedan evaluarse por sus resultados.
Una institución vinculada a la historia nacional
La relación de la UASD con la sociedad dominicana también ha estado marcada por las discusiones sobre democracia, libertad de pensamiento y participación estudiantil. Su historia refleja las tensiones entre el poder político y la autonomía académica, así como los cambios en la concepción de la universidad y su responsabilidad social.
Esa trayectoria convierte el aniversario en algo más que una celebración institucional. También ofrece la oportunidad de examinar qué universidad necesita el país y cuáles condiciones deben garantizarse para que la educación superior pública cumpla su función.
La autonomía, en ese sentido, no elimina la necesidad de rendición de cuentas. La libertad para definir las políticas académicas debe coexistir con una administración transparente de los recursos, la evaluación de los resultados y la responsabilidad de ofrecer servicios educativos adecuados a la población.
Los actos del 488 aniversario
Para conmemorar la fecha, la universidad organizó durante octubre más de 50 actividades académicas, culturales, científicas, deportivas y protocolares en la sede central y en sus recintos, centros y subcentros.
La agenda de este miércoles incluye el izamiento de las banderas, homenajes patrióticos, una ofrenda floral en el Altar de la Patria, una misa de acción de gracias, la sesión del Claustro Menor y una investidura ordinaria de grado.
La jornada reúne así dos dimensiones de la institución: la memoria de su fundación y la continuidad de sus actividades educativas.
Al cumplir 488 años, la UASD mantiene el peso histórico de ser una de las instituciones universitarias más antiguas del continente. Su próxima etapa, sin embargo, dependerá menos de la cifra que marque el calendario que de su capacidad para formar profesionales competentes, producir conocimientos, ampliar oportunidades y responder a los problemas de una República Dominicana en transformación.

